Posteado por: univaweb | noviembre 4, 2008

Obesidad en México: Epidemiología e Intervenciones para su Prevención

El Dr. en epidemiología en Nutrición, Juan Ángel Rivera Dommarco, actualmente director del Centro de Investigación en Nutrición y Salud, del Instituto Nacional de Salud Pública, en Cuernavaca, fue el encargado de contextualizar la situación de la obesidad en México en este IV Congreso Internacional de Nutrición, con la conferencia: Obesidad en México: Epidemiología e intervenciones para su prevención.

En los últimos 18 años, la población mexicana ha experimentado un aumento sin precedentes en la prevalencia de sobrepeso y especialmente de obesidad. En 1988 el 34.5% de la población de mujeres de 20-49 años fue clasificada como con sobrepeso u obesidad (IMC>25); de éstas, poco más de una cuarta parte (9.5%) eran obesas. Once años después, en 1999, la prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad fue de 61%; de la cual dos quintas partes (24.9%) eran obesas. Es decir, la obesidad aumentó de 9.5% a 24.9% (15.4 pp o 162%) y el sobrepeso pasó de 25 a 36.1 (11.1 pp o 44%) en tan sólo 11 años. Siete años más tarde, en 2006, la obesidad siguió en aumento (7.5 pp o 30%) para alcanzar una prevalencia de 32.4%, mientras que el sobrepeso se estabilizó durante este segundo período. En conjunto, las prevalencias combinadas de sobrepeso y obesidad aumentaron a un ritmo anual de 2.4 pp por año durante el primer período de 11 años (1988-1999) y de la mitad: 1.2 pp por año, durante el segundo período (1999-2006).

La epidemia de obesidad y enfermedades crónicas resulta del desequilibrio energético: gastamos menos energía de la que consumimos. En el pasado los campesinos que utilizaban métodos prehispánicos como el uso de la coa para la siembra y del malacate para la carga no tenían la opción de ser sedentarios; tampoco la tenían los obreros que debían utilizar sus músculos para cargar o para procesar los productos que fabricaban. Eran activos en el trabajo por necesidad. Actualmente, las personas que pasan el día sentados frente a un escritorio, trabajando con una computadora, no tiene la opción de que su trabajo sea demandante de actividad física. Es decir, un niño al que se le prohíbe salir a jugar al vecindario porque no es un lugar seguro acabará viendo la televisión o jugando videojuegos. Sus padres, aún que estén informados y sean conscientes de la inconveniencia de que el niño esté inactivo, se resignan a que lo sea, considerando que es preferible la inactividad al los riesgos que implica el jugar en la calle.

El niño que ve televisión recibe multitud de mensajes que promueven el consumo de botanas altas en energía o bebidas con azúcar (refrescos y jugos azucarados). Las compañía productoras de esta comida poco saludable, alta en sodio, en grasas o azúcares y baja en fibra, utilizan personajes que los niños admiran e imágenes atractivas para inducir al consumo de estos alimentos. Es decir, la televisión, como un componente del ambiente del niño, promueve el consumo de alimentos altos en energía. Más aún, existe una práctica por parte de las compañías de incluir juguetes en productos de baja calidad para inducir la compra de los alimentos. Los padres bien informados, conscientes y opuestos al consumo de estos productos por parte de sus hijos están en desventaja y se sienten frustrados por no poder contrarrestar los efectos de la publicidad y las estrategias de mercadeo de la industria. Es decir, a pesar de que los padres tienen información y son conscientes del problema, se enfrentan a un ambiente exterior poderoso que fomenta la compra de alimentos con alto contenido de energía.

Un elevado porcentaje de las escuelas públicas de la ciudad de México carecen de bebederos de agua potable, lo que induce al consumo de refrescos y de “jugos” azucarados en la escuela. Las cooperativas escolares venden toda clase de botanas altas en energía y bebidas azucaradas y rara vez venden frutas o verduras.

El precio por caloría de los aceites, la azúcar o las bebidas azucaradas es menor que el precio por caloría de las frutas y verduras. Si caminamos por las calles de nuestras ciudades, es más fácil encontrar a unas cuantas cuadras o a unos cuantos pasos botanas altas en sodio, azúcar o grasa y bajas en fibra, y más bebidas azucaradas que frutas y verduras. Los expendios de alimentos callejeros fritos, con alta cantidad de grasa, fomentan la obesidad. La proliferación de restaurantes de comidas rápidas altas en grasas de mala calidad nutrimental provoca obesidad y enfermedades crónicas. El aumento en el tamaño de las porciones de alimentos industrializados, por ejemplo de refrescos, y de los alimentos en restaurantes, también son factores que aumentan el consumo de energía. El mayor número de personas que hacen una o más comidas fuera del hogar y el menor tiempo destinado a cocinar han sido también factores que favorecen el consumo de alimentos altos en energía. 

Es decir, vivimos en un ambiente promotor del consumo de alimentos altos en energía y promotor de estilos de vida inactivos que generan obesidad.

Con el objeto de evitar que siga creciendo la epidemia de sobrepeso y obesidad en la población Mexicana y para revertir su tendencia, especialmente en niños y jóvenes, es necesario que se diseñen y apliquen acciones que involucren a diferentes sectores del poder ejecutivo (Secretarías de Salud, de Agricultura, Ganadería y Pesca, de Educación, de Desarrollo Social, del Trabajo, de Comercio y de Hacienda) así como al poder legislativo, los cuales tienen la obligación de salvaguardar la salud de la población mediante la regulación y norma de las políticas y programas de producción y abasto de alimentos y la regulación del comercio de alimentos y bebidas; mediante normas sobre alimentación y actividad física en el sistema escolar, de promoción de patrones de vida saludable en la sociedad, de planeación urbana que favorezca el uso de transporte colectivo, el uso de bicicletas y la existencia de espacios públicos que permitan caminar, entre otras. Las acciones deben incluir a la industria de alimentos, que debe cumplir con su función social de producir alimentos de alta calidad nutrimental y que promuevan la salud. Deben incluir a la escuela, donde los niños pasan una cuarta parte de su tiempo y en donde debe promoverse la actividad física y el consumo de alimentos sanos y de agua; los centros de trabajo, donde los adultos pasamos un tercio de nuestra vida y que deben crear condiciones que promuevan la actividad física y la alimentación saludable; y la comunidad (incluyendo los gobiernos municipales y la población), donde deben fomentarse ambientes públicos seguros para la actividad recreativa activa. Finalmente, debe incluir a los medios de comunicación masiva.

A continuación se presentan las principales acciones que deben impulsarse y el papel de cada actor.

El Gobierno

Ubicar la idea de la prevención de la obesidad infantil como una prioridad nacional, con una intensa participación y liderazgo del gobierno en diferentes acciones y en todos los niveles.

Revisar las actuales regulaciones de etiquetado de alimentos (NOM 051-SECOFI y NOM-086-SSA1-1994), evaluar su impacto y comprensión en la población, y hacer las modificaciones necesarias para la prevención de la obesidad.

Revisar las regulaciones actuales de control de los medios de comunicación, enfocadas en el uso inadecuado de proclamas saludables de productos alimentarios, especialmente las de nutrición y la publicidad de bebidas altas en calorías y alimentos con alto contenido de carbohidratos refinados y/o grasas dirigida a los niños.

Buscar mecanismos para mejorar la aplicación de la ley por los medios de comunicación y la industria de alimentos, incluyendo el etiquetado de alimentos.

Crear un comité consultivo que junto con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, COFEPRIS desarrolle y evalúe las políticas de etiquetado de alimentos, mercadeo, control de medios de comunicación y guías dietéticas. Este comité deberá incluir expertos de diferentes instituciones públicas y privadas y representantes de la industria y de los consumidores.

Algunos de los puntos prioritarios para estas políticas son:

La modificación del etiquetado de alimentos con el propósito de lograr etiquetas amigables que sean claras y entendibles por el público en general.

Reducir a un mínimo el contenido de las proclamas de salud en el mercadeo a través de los medios de comunicación, especialmente para aquellos alimentos que promueven opciones “saludables” sin sustento científico.

Eliminar la publicidad en los medios de comunicación sobre bebidas y alimentos con altos contenidos de carbohidratos refinados y/o grasas dirigidas a los niños.

Establecer un límite en el uso de aceites y grasas, particularmente las grasas saturadas y eliminar los ácidos grasos trans de producción industrial en los alimentos industrializados y en la comida rápida, en establecimientos formales o informales.

Establecer un control del tipo de información que debe aparecer en el mercadeo a través de los medios de comunicación, para los productos alimentarios con alto contenido de carbohidratos refinados y/o grasas. También es importante establecer el control de los lugares donde puede hacerse publicidad. Debe discutirse la posibilidad de establecer límites estrictos en los entornos de los niños, tales como las escuelas, los parques, y los centros recreativos.

Evaluar el uso de subsidios e impuestos para la producción, consumo y tratados internacionales como instrumentos de política para mejorar el acceso a alimentos saludables, tales como frutas y verduras, durante todas las estaciones y reducir el consumo de comida no saludable.

Promover en distintos espacios de los medios de comunicación el consumo de frutas y verduras y otro tipo de comida saludable.

Promover a través de diversas campañas en los medios de comunicación el consumo de agua pura en lugar de bebidas endulzadas (incluyendo bebidas carbonatadas endulzadas).

Las Escuelas

Los programas de desayunos escolares deben ser revisados para regular la clase de alimentos que pueden ser ofrecidos, con el fin de garantizar que haya opciones de alimentos saludables.

Regular los alimentos que se ofrecen dentro y fuera de la escuela.

Promover la aplicación del tiempo mínimo establecido para educación física (EF) en escuelas privadas y públicas, así como programas de EF que alcancen la cantidad recomendada de actividad física moderada a vigorosa.

Alentar la organización de eventos locales y regionales para promover la práctica de deportes en las escuelas.

Definir los espacios mínimos en la escuela para garantizar la actividad física durante la clase de educación física y durante el recreo.

Revisar y mejorar el currículo escolar para incluir la prevención de la obesidad y promover un estilo de vida saludable.

Las comunidades

Estimular la organización y apoderamiento de la comunidad. Explorar el espectro de organizaciones disponibles para identificar la mejor estrategia dirigida a aumentar el apoderamiento y la conciencia de la comunidad sobre la epidemia de obesidad, especialmente entre los padres. La organización potencial de las comunidades incluye la sociedad de padres de familia, grupos religiosos, y ONGs.

Los miembros de la comunidad deben sentirse con poder para exigir que se lleven a cabo las modificaciones en las normas y en el entorno, orientadas a lograr estilos de vida saludables.

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Responses

  1. Excelente que realizen estos eventos para disminuir la obesidad y o desnutrición en nuestro País, y felicito al expositor Dr. Juan Angel Rivera Dommarco.

  2. Hola :
    Buenas tardes Doctor. Me atrevo adecirle que me gustó mucho su información, así mismo agradecerle por k me sirvió de algo ya que actualmente estoy haciendo mi tesis acerca de la obesidad en los jóvenes universitarios y por otro lado quisiera poder contar con su apoyo; me refiero a que si usted podría enviarme resúmenes o archivos de lo más actual que hay sobre este tema. Bueno, esperando contar con su colaboracion gracias.

    Atte: enfermera Sandra p.b.


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